miércoles, 12 de diciembre de 2018

Mi jersey favorito

No roncaba. Su piel tenía la temperatura perfecta. Y cuanta menos ropa llevaba para dormir, mejor dormía yo. Era mi mejor somnífero. Su respiración superaba cualquier remedio para conciliar el sueño. Nunca se quedaba dormido antes que yo. Qué enorme sensación de protección. No nos sobraban brazos, ni piernas, la melena se amoldaba de manera perfecta entre la almohada y nuestros cuellos, nunca en su cara. No recuerdo haber dormido nunca con él con el pelo recogido. Era como esos pendientes con los que te acuestas y ni los notas. Era perfecto. Despertar nunca era un sacrificio, me alegraba que el contador de minutos que pasaríamos juntos volviera a ponerse en marcha. 
¿Por qué acabas donando tu jersey favorito cuando haces limpia de ropa? Ya no es tu talla, está gastado, roto, ya no te vale. Dejamos de valernos. Y así, dejamos de dormir juntos y de pasar juntos las mejores noches que mi ruidosa mente recuerda.

miércoles, 5 de diciembre de 2018

Lenta y viscosa

La tarde es lenta y viscosa
serpentea la noche
como si no fuera con ella la cosa
aparcado lleva horas el coche
y la pantalla del móvil
ha sido el espejo de cualquier reproche.
No me he movido de la cama,
no me he quitado de encima el pijama
y me he tragado todas las tonterías
como lo hace una niña con sus chucherías.
La oscuridad es el manto que se cierne
sobre aquello que ya no miente:
que tú te has ido y ya no estás,
que están impolutos los cojines del sofá
en el que ya ni me abrazarás
ni me besarás
ni me amarás
como cualquiera de las veces hasta ahora.
Retumba el punto final que dictamina
nuestra última hora.

viernes, 23 de noviembre de 2018

COLPSO



Quedan cuatro horas o cinco para que te des cuenta de que algo no va bien, pienso mientras bebo sorbos de cerveza y con cada uno de ellos, van quedando en mi mano menos píldoras. Las he administrado al principio pero, después de la primera toma, el ¿no pasa nada, qué más da? es ese amigo de copas que te promete que una y a casa, lo cual nunca llega a suceder.

Así que después de las primeras se han sucedido otras, y ahora estoy esperando que llegue Morfeo a salvarme, de mí, de romperlo todo y de no mirar atrás, de no tener que enfrentarme con esos viejos demonios cuyos rostros tan conocidos me resultan. Hay tantas personas que sienten curiosidad por saber cómo es este momento, el del intento de escapar de la realidad, cómo conseguir despegar, volar, coger un avión a no se sabe qué destino, pero donde la promesa siempre es dejar algo atrás, aquello que nos quita el apetito, la esperanza, despierta las ganas de perderse, de perdidos al río, si hace falta, porque en ese momento, qué mal da. El valor de las cosas se intercambia y descoloca lo fácil que es darle la vuelta a lo que es importante.

Yo no sé cómo saldré de esta. Nada me funicona, nada me hace efecto. Hay en mí árboles imposibles de podar, son fuertes y legionarios, robles que podré ignorar pero cuya sombra siempre me cobija. Debajo de su copa, muchas veces no llega la luz, y ya me dirás tú cuánta gente de mi edad se sienta debajo de un árbol teniendo los filtros de Snapchat que les hacen ojitos y mofletitos con pecas, y que ellas, muy acertadas, los copian y los suben a Instagram para hacer el comunicado oficial a sus followers. Ese es el mundo que me rodea, ese el mundo enfermo del que me intento aislar, en el momento en el que se me ocurre llamar la atención sobre el surrealismo de la situación, hablo con auténticas paredes y la desadaptada soy yo. 
En esta soledad de la que me niego a formar parte encuentro el hastío, la desesperanza, las ganas de que os exterminen a todos sin miedo a que nos perdamos algo valioso, podéis hacer una elección de fuertres portavoces y defensores para que tengan la oporturnidad de convercernos de que hay algo que nos pueden aportar, siempre y cuando coincidan con sus visitas al Pleniluio para cogerse las útilmas minifaldas de inditex y las desorbitadas zapatillas de las multiancionales que les consigan involucrar en su círculo de consumo, aquellas que tienes para impresionar con tu falta de criterio propio desde el cual seguir esesurrealista concepto de la moda.
Volviendo a mi caso, os descarto a todos los que cumplís ese perfil. Gracias por orferecerme una señal tan clara de que no quiero ni que me relacionen con vosotros, que me parecéis personalidades a la moda con estilo y criterio cero, buscando aceptación, valoración y una buena red de networking que ya me diréis para qué os sive si no es para competir, criticar, no alegrarse por los logros ajenos porque no son los tuyos, y fomentar esa envidia que solo desemboca en malestar.

Que os jodan a todos, queridos individuos que vais por la vida con una venda en los ojos, que no os permite ni el esfuerzo de quitársela y empezar a mandar a la mierda a la gente que defiende aquello que nos desespera o nos asquea.

Yo hoy sólo quiero descansar para no pensar en todas las apariencias en las que os empeñáis en mantener, cuando sinceramente, interaccionando con alguien, se os ve a la legua por más que intentéis disimular.

A veces solo necesito aislarme y pasar de vuestra cordialidad, paripé, máscaras, y esas cosas que de verdad poco importan, que se las gestione cada uno porque al fin y al cabo son problemas individuales y de nadie más.

Cuando consiga yo solucionar mi problema, ya te llamaré, si me quedan ganas.


lunes, 15 de octubre de 2018

Tras el verano

Renacimos a finales de agosto,
tras morir, y nosotros con él, el verano.
Portábamos un corazón recompuesto
después de haberse roto en vano.

Con un montoncito de cenizas
y un libro en blanco en la mano,
esperaba entonces el destino
al final de mis arrugas y tu pelo cano.

Si aquel libro que llevaba, vida mía,
era una tabula rasa o el libro blanco,
espero que nos cueste averiguarlo
mil veranos de ave fénix y su canto.



miércoles, 18 de abril de 2018

Qué guardas ahí debajo

Me gustaría saber qué guardas
ahí debajo, escondido bajo las pilas de papeles
que usas para secarte el alma
cuando empieza a llover.
Algunas veces me recreo
en los trazos de tinta que dejas a la vista
pero la mayoría de las veces me pregunto
de qué color sería la hoguera si decidieses quemar todos las frases que acumulas.
Quizás lograríamos una historia,
no escondida en folios, sino al calor
de una lumbre que calentaría cualquier alma.
Tirar todas las palabras y volver a respirar
el humo de la llama que, como el ave fénix,
tantas veces resucitó de sus cenizas.
Yo quiero saber que hay dentro, 
donde se esconden los miedos más profundos,
debajo de todos eso pedazos de tela 
que gritan y nada ocultan.
Te quiero ver profundo, cansado y hastiado
después de llevar todo este tiempo 
siéndole infiel a la persona más importante:
tú.
Cuando te conocí me permitiste la licencia
de tenerte siempre idealizado.
De creer que eras alguien diferente a quien esas apariencias que alimentas dicen ser.
Yo me quedé con eso, siempre serás 
la promesa congelada en el tiempo, 
el "tú eres la única que me conoce de verdad".
He descartado todo lo que no encajara con esa idea.
Y como la realidad me resulta inverósimil, sigo creyendo que el sueño de que tú eres otro, es real.
Y pienso en qué fácil es renunciar a nuestra naturaleza, ignorarla y dejarla aparcada, por volátiles sueños y promesas de un futuro caprichoso.
Te veo y no creo. Te leo y no te reconozco.
Te has pasado al bando de los que fingen y lloran para adentro.
Y qué quieres que te diga, me da rabia. Vendiste tu sensibilidad por apropación. 
Por cantidad  de fans que para ti 
no llegan ni estatus de persona.
No dudes nunca que eso, y nada más, 
nos alejó.
Y yo sigo con el recuerdo de lo que un día fue.
Porque en los enrevesados caminos de la vida,
muchos cambiamos de atuendo.
Por eso sigo creyendo que, desnudos, despojados de todo complemeto, 
y sin palabras, somos realmente 
la esencia que nunca se pierde.

viernes, 22 de diciembre de 2017

Volverán a desfilar los años


Volverán a desfilar los años 
y volveremos a contarlos 
como las cuentas de un rosario,
 enredándose entre nuestros dedos 
como lamentos y plegarias. 
Esperarán ansiosos mis ojos 
tu vuelta como al hogar, 
ávidos de hablarte y de leerte, 
con el miedo de encontrar, 
bajo las profundidades que custodias, 
tras el tinte que tu iris esconde, 
recuerdos de un ayer.
Y el corazón les hace de fuelle,
lejos de convertirlos en ceniza y desaparecer 
con cualquiera de las insignificantes ráfagas 
provocada por la caída de otra hoja del calendario.
Arde como el alcohol toda madera 
tras la que intento refugiarme, 
y a mí sólo me quedan 
hojas que volverán a desfilar.








Sobre un salpicado manto


El más despejado cielo de día
es quien de noche sus estrellas mejor desvela,
y sobre un salpicado manto, cuando el sol ya no brilla, 
florecen en silencio los secretos que mejor revela.



viernes, 15 de septiembre de 2017

Volviste a caer


Volviste a ser bala,
y te vi caer.
Volviste a ser bala perdida,
y te vi arder.

Estuviste caminando días enteros, 
semanas y meses hacia el oasis 
por el desierto-infierno, 
en el cual contar los granos de arena 
era la única opción. 
Y no te apetecía. 
Aprendiste poco a poco 
a mirar las huellas que ibas dejando, 
y también descubriste 
otras huellas y otros caminando 
hacia el agua, hacia el equilibrio 
entre el frío y el calor, 
hacia la centrada aguja del termostato. 
Llegaste y te vi caer, no importa después de cuánto. 
Te volvía a doler la misma maldita herida.

Maldícela ahora conmigo. 

Mírame a los ojos y dime que es lo peor. 
Que ya no sabes cuál es el veneno y cuál es el elixir. 
Dame la mano y volvamos a dejar huellas. 
Encontraremos o no el oasis, pero algo haremos. 
Caminemos de nuevo, en la buena dirección. 
La luna o el sol, que nos guíe quien sea, 
pero con la luz alumbrando esta oscuridad, te prometo que será mejor. 

jueves, 27 de abril de 2017

Nosotros, los de entonces

Imagina una primavera cohibida, 
un florecer a mares frenado 
por el dique de lo que un día fue. 
Aunque ya no sea, 
la memoria es la huella de aquellos pasos, 
que al fin y al cabo brotaron de estos pies. 
Y aunque aquellos caminos 
no los hemos de recorrer acompañados 
de las mismas manos, 
quién sabe si no nos conducirán al mismo lugar. 
El déjà vu, cuando giramos la vista, 
que induce al miedo de terminar igual, 
en el mismo destino, tras las mismas paradas, 
las mismas tardes al sol grabadas 
de la misma manera. 
Adictos a la novedad, 
¿cuánta podremos encontrar 
a medida que se escurre la vida? 
¿Cuánto de ilusos somos al albergar 
la esperanza de vivir algo 
que aún no hayamos vivido? 
Si hoy cae "la misma noche que hace blanquear 
los mismos árboles", 
sólo me consuela pensar 
que "nosotros, los de entonces, 
ya no somos los mismos."

lunes, 10 de abril de 2017

A partir de aquí

 


Ni es un buen día, ni es un buen momento y la noche es la fiesta en la que bailan todos los monstruos que pensé que alguien iba a matar por mí.
La pequeña de las dudas infinitas cada vez sopla más velas , y sigue y sigue el infinito y nunca termina de seguir.
Tengo tantas ganas de llorar, y lloro como el humano que, convertido en vampiro, descubre que necesita la sangre humana para poder vivir.
Lloro al descubrir que pedirte la mano, abierta, para apagar un cigarro encendido en tu palma es de lo poco que se me ocurre que puede dejar de hacerme infeliz.
Darme cuenta de que me pesan las telas que cubren tu espalda y los telones que dejaste a tus espaldas, que para ti son irrelevantes, y darme cuenta de que para matar mis fantasmas tú tengas que sufrir.
Me asusta cómo se enredan todos estos hilos que ahora tensamos y que nos han de unir, rozando a tientas los límites y notarlos apretando mi cuerpo como si fuera contra las cuerdas de un ring.
Pensé que las moscas, las polillas, se alejaban con la mano o apagando bombillas y ahora me doy cuenta que son larvas que empañan toda imagen de ti.
Siento la misma repulsión, enormes ganas de vomitar, cada vez que esas parásitas imágenes me invaden y tienen nombres y apellidos, miradas inertes y morritos con carmín.
Mis monstruos y mis fantasmas son efluvios de los rostros y sus sombras, que tú elegiste para tus grandes momentos compartir.
Y yo me veo incapaz de formar parte, de tomarte con esas sábanas que te arropan, que son las mismas que cubren mis fantasmas y me impiden ser feliz.
La buena noticia es que lo acabamos de descubrir. La mala, que preteníamos rodearnos de verde y de brisa y sin embargo el tóxico fuego, el que quisimos a toda costa evitar, está aquí. 
Y ahora empiezan los dilemas y las negociaciones, y sobre todo la multitud de conversaciones a solas com uno/a mismo/a que nos permitirán, o no, sobrevivir.
Valientes son los que rompen la tendencia de las sonrisas que tanto enmascaran y se permiten la licencia de sentir, de decir qué les duele, qué les falta y sin ningún riesgo de perder cohesión en la red de telaraña que les sostiene, liberan sus muñecas y tobillos, y finalmente se atreven a pedir.


viernes, 7 de abril de 2017

El resto de lo que queda

 

Fue de una manera tan tuya. Te juro que nadie antes, nunca. Ahora sólo pienso en la infinidad de días que nos quedan juntos, todos tan diferentes y tan iguales, descubriendo continuamente la vida sin que nada cambie y "el resto de lo que queda" me parece poco porque no me imagino dejando de tener ganas de ti. 


Uno está perdido hasta que encuentra la mirada adecuada y ese cuerpo al lado del cual, por fin, consigue dormir.

viernes, 24 de marzo de 2017

Las mañanas

 
Las mañanas son una jarra de agua fría para los soñadores. 
Y ojalá fuera un pájaro resguardado por mis plumas, para desplegar las alas y para convertir, desde las alturas, todo esto en un hormiguero. Porque veo demasiadas hormigas con egos de elefantes, y no sé si más elefantes dando tumbos con sus cerebros de hormigas. 
El único refugio es otra persona que, apoyándose en mi hombro me señalara el horizonte de oeste a este y me dijera "¿Ves todo aquello? Son todos unos idiotas." Y yo me reiría a carcajada limpia de lo estúpidos que seríamos a los ojos del mundo, en nuestra burbuja reversible: ahora os tragamos, ahora no. 
Dejar aparcada la cordura para odiar sanamente, dejando que la gente siga haciendo el gilipollas sin que los acepte, sin que nos afecte. Que sigan inflando sus egos de diosas mientras lloran por las esquinas por su humanidad. Pero no en estos brazos. No en los que me abrazan. No en los que se extienden para abarcarlo todo y los que me dicen que son todos una panda de absurdos que eligen las máscaras como forma de vida porque ven aplaudidos sus gestos fingidos mientras no se preguntan si acaso existe algo más.

lunes, 13 de marzo de 2017

Libertad

 

Elegisteis la corriente 

y os estáis ahogando intentando nadar.

Yo elegí la orilla y, tumbada,

me conformo con ver las estrellas pasar.

Saltasteis de cabeza para algún día llegar

a alcanzar la libertad,

sin saber que el trampolín desde el que os tirasteis,

el origen y no la meta,

era libertad.

La peonza

 

Tu hogar jamás serán otros brazos, ni ningún pecho en el que hayas de dormirte será jamás la almohada que acalle tu mente. Porque tu mente no fue hecha para callar, es el imparable motor que mantiene tu alma como lo hace el corazón con tu cuerpo. Tu hogar eres tú eligiendo cada día que el ayer y el mañana no te sirven, que tu cerebro para descansar necesita cada noche la tranquilidad de que todas las mentiras sumadas dan como resultado la verdad. 

Y la verdad es que las heridas del alma nunca cicatrizan, que se abren de vez en cuando y el mundo se rompe y las lágrimas son el único elixir que te puede garantizar que, relativamente, en unas horas, en unos días, el escozor desaparecerá y volverá esa costra que lo poco que hace es esconder, porque no hay forma de lidiar con ella, con esa crónica tormenta que ha de invadirte sin avisar y a revolvértelo todo, a descolocarlo todo, a tirarte al suelo todo lo que, de puntillas, en la balda más alta de tu ilusión te sentiste orgullosa de colocar. 

Pensaste que el amor era la cuerda que te haría girar, pero olvistaste que en tu condición de peonza, tarde o temprano ibas a parar y nada te sostendría en pie, la cuerda poco tenía que hacer, tu naturaleza era ladearte y tumbarte en el suelo, agotada, como la bailarina que, llegado un momento, ha de frenar sus piruetas y dejar de rozar la inmortalidad. Dejar de ser diosa para, en cuestión de segundos, volver a ser mortal. 
Hasta que alguien, el de entonces, el de ahora, el mismo o no, cuerda en mano, te lía y te vuelve a lanzar. 

Y tú, peonza, giras y giras, y tú, bailarina, te vuelves a elevar.

sábado, 11 de marzo de 2017

La niña y el mar.



Amaba el mar por encima de todo. Y se inundaba de él la mayor parte del tiempo, todo el que le fuera posible. Hasta que se le arrugaban las yemas de los dedos y Marina comprendía que de vez en cuando tenía que salir y dejarse envolver por la arena y el sol, que habrían de secarla y devolverle ese calor inicial, el del anhelo que sientes antes de conocer a aquello tan profundo que te va a llenar, aunque tú no lo sepas, y así volver a sumergirse una y otra vez, siempre nueva, siempre emocionada, con la piel de gallina como el primer día que el mar cuyo nombre llevaba la abrazó para hacerla siempre parte de él.

viernes, 17 de febrero de 2017

El Universo en un bocado.


Tú y yo de la mano.
Y automáticamente el Universo
se convierte en un caramelo Solano
que me como, mirándote a lo ojos,
de un bocado.
Sabe dulce y amargo
como el café que derramo
en tu taza cada mañana
después de hacer el amor
antes de salir a que me de el sol
tras la ventana que anoche nos resguardó.
Lo que tras ella vivimos
sólo lo sabemos tú y yo.
Que el mundo no se entere,
que de envidia se muere.

lunes, 30 de enero de 2017

We have it all.

"All I needed
all I wanted
is here,
in my arms"

Soy feliz.
Soy feliz porque la felicidad
sólo es poseer una cosa: paz.
Que las guerras que batallamos
desde que amanecemos
hasta que por la noche nos tumbamos,
terminen ahí.
Salir al mundo con un cuchillo
y un tenedor entre las manos.
Comértelo, masticarlo como un buen entrecot,
o como una zanahoria si eres vegano.
Llegar a casa, digerirlo, saborearlo.
Disfrutar de estar vivo.
Para vivir tu vida, esa inmensa aventura,
has sido tú el elegido.
Somos extremadamente ricos,
extremadamente afortunados.
Tenemos cerveza, vino blanco
y con quien compartirlos,
quienes nos hacen reír
y nos ayudan a llorar
cuando nos hacemos los fuertes
y estamos rotos por dentro.
Tenemos millones de libros
para hacer con nuestas mentes
"lo que la primavera hace con los cerezos".
Tenemos, o tuvimos, padres y hermanos,
y ahí no hay palabras para explicarlo.
Sólo GRACIAS.
Tenemos sexo.
Del bueno.
Del que te hace feliz de estar viva.
Inquietudes y mil maneras de calmarlas,
de cambiarlas por otras como cambiamos de ropa.
Lo tenemos todo, amor.
Así que, brindemos, lléname la copa.
Cómo no íbamos a ser felices.
Cómo no íbamos a sentir esta paz inmensa,
haya tocado hoy alegría o haya tocado tristeza.

domingo, 29 de enero de 2017

Embriagada

Me miro en tu mirada
para ver si estoy enamorada,
para verme enamorada;
porque en el amor, tu mirada
es el espejo de mi alma.
En ella me reflejo
y me veo reflejada
y con esa tormenta calmada
que tiñe el iris de tu mirada
me siento identidificada.
La personalidad de gato, en su gama,
tiene la parte feroz y la parte cercana.
La mía, que es parecida a la suya, está prendada
de tu ojos enormes, que me tienen engatusada.
Me besas, desactivas cualquier alarma
y olvido lo que significa estar preocupada.
Si el amor es el alcohol del alma
llevo meses y semanas embriagada.






miércoles, 25 de enero de 2017

Son mis llamas tus cenizas.




A ver cómo te lo digo,
"todos mis futuros son contigo",
Marwan y Funambulista 
me hacen ser malabarista 
de tu recuerdo, 
antídoto y veneno, 
son mis llamas tus cenizas 
en este invierno.
Hoy, igual que entonces,
me hipnotizas.
Sólo tú conoces,
cada uno de los roces
que me paraliza.
Según dicta la poesía
del estilo moderno
te juraría cada día
que te quiero.
Yo prefiero desde lo primitivo
y desde el anhelo del compañero,
gritarte del modo más instintivo
que te espero.

miércoles, 18 de enero de 2017

Oye, bicho.



Oye, bicho, qué tal estás
dime a dónde vas
tan disparado
diría que la vida te ha inyectado
la ruta de los sueños
para que sin ningún reparo
vayas a por ellos.

Imagino que te guía el faro
de la suma de tus destellos,
los que has ido coleccionando
enredándote en tantos cabellos
cada vez que actualizabas
tu concepto de princesa
y con cada una asimilabas
que el alma jamás sale ilesa.


Te has dedicado a probar
la resistencia de un corazón
que no ha parado de bombardear
esa sangre que no siempre te perteneció.
Pero hiciste magia y empezó a fluir
un día, toda tuya y toda para ti,
para que la volvieras a repartir,
esta vez en varias pieles,
(Supongo que de forma consecutiva.) *
Ahora imagino que sabrás lo que te conviene:
a esa poco amiga -tu mente explosiva-
tendrás que asegurarle continuas chispas
porque gracias a ella, ellas te conquistan.
Y sé que necesitas estar enamorado
para que el mundo aprenda que anda equivocado.

P.D. Todo me lo he inventado, te habrás percatado.
Pero apuesto una sonrisa a que en la diana he dado.
Como en aquellas partidas de dardos,
he disparado y, como siempre por azar, he acertado.

martes, 17 de enero de 2017

Una máquina para parar el tiempo.

Me desnudas para envolverme envolverme el alma con la más fastuosa prenda, tu mirada y la palma de tu mano derrite cualquier centímetro de mi piel, tu espacio vital se funde con mi espacio vital y los cristales se empañan con el vaho de todo aquello que me ronda por la mente cuando TÚ no estás. ¿Qué tal si cambias el brillante más caro que encuentres por una máquina para parar el tiempo, y me pides que me quede siempre mientras congelas este momento?

lunes, 16 de enero de 2017

Súper submarina

 
Mis ojeras sabrán hablarte mejor que yo de lo que me desvela, están tatuadas con preguntas impronunciables, con dudas inexplicables. La seguridad, la seguridad es el único puerto que anhela este barco navegante, que noche tras noche se pierde en el mar de máscaras que, míralo, lo invade todo. Me pregunto qué hay detrás de esos escaparates, no me valen, me frustran, me asfixia verlos por todas partes. El agua aquí no corre. Vengo de un río y me pierdo sin ver fluir las cosas, no puedo descifrarlas si están congeladas. "Llevas un mes o dos siendo la inquilina de un corazón que no te corresponde". Súper submarina, retumba la alerta clandestina.

domingo, 8 de enero de 2017



Colgó su recuerdo en el armario sobre una percha, 
sacó uno nuevo con otro nombre y se lo puso. 
Porque por mucho que hubiera prendas que permanecen impasibles a las modas, sabía que nunca fue un gran negocio estar prendada, 
así que salió a la calle consciente de que lo importante era ir bien abrigada.

Hay días en los que desgarraría el telón de este escenario, para que terminara el teatro, para que cayeran los actores y para verte a ti entre bambalinas, sin el juego de luces, a ese tú que sigue colándose en mis sueños más profundos, a ese tú que un día se fue y sólo vuelve para removerme alguna noche, cuando parece que las cosas van bien, para recordarme que todos los días, al abrir los ojos, empieza la función.

jueves, 15 de diciembre de 2016

Mi más preciosa cicatriz

"Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise.
Mi voz buscaba el viento para tocar su oído.

De otro. Será de otro. Como antes de mis besos.
Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos.
Porque en noches como ésta la tuve entre mis brazos,
mi alma no se contenta con haberla perdido."

 



El poema XX de Neruda siempre me recordó a nuestra historia, tú eres la infancia a la que la niña que fui anhela volver, a la que la mujer que soy recuerda con una sonrisa de nostalgia. Mi más preciosa cicatriz lleva tu nombre y me hace ser la persona que soy, orgullosa de mis éxitos y fracasos, de las lecciones aprendidas tantas veces agarrada de tu mano, tantas veces soltándome de ella, de las heridas sanadas con tus besos y aquellas abiertas que tanto me escocieron por tus lágrimas. Creamos, en nuestras más de mil de noches conectados, constelaciones, entonces caóticas, que quedaron grabadas debajo de nuestra piel. Y al despedrinos, en medio de aquel huracán, quién nos hubiera hecho pensar que el mapa astral sería nuestra tarea pendiente, que ahora nos tocaba descifrarlo y utilizar cada una de esas bombillas que se nos encendían en el momento menos pensado a modo de respuesta a todos aquellos "por qué". Entendimos por fin que la constelación de nuestras cicatrices, grabadas debajo de la piel, estában ahí para hacernos brillar ante quienes las consiguieran ver, ante los que llegaran después a desnudarnos el alma. 
No sé si tú has llegado más lejos, si has averiguado más. Yo sigo en el punto de no encontrar la forma de agradecerte todo aquello y todo lo de después. Me regalaste la garantía de haber pasado por esto mundo habiendo vivido plenamente, me abriste la puerta de la caverna y ni siquiera te regocijaste con un "no tienes ni idea de lo que te espera". Me pregunto si lo sabías, o fue el ir de la mano lo que nos permitió cruzar tantos horizontes.
Hemos vuelto, hemos crecido, miramos con el anhelo con el que uno se recuerda de niño. Esa inocencia. Esa alegría desbordante, esa energía imparable. La contradicción de la fragilidad creyéndose imbatible. No volverá. Después de caerse desde semejante altura a nadie se le olvidan las secuelas tanto como para volverlo a intentar. Pero qué sensación, ese salto al vacío sin paracaídas que nos mató a nosotros y dejó un tú y un yo a la deriva de quienes vengan a acariciarnos las heridas. Ésos, ésas, serán nuestros héroes y heroínas. Ellos nos salvarán. Y nosotros, de vez en cuando, nos recordaremos, como aquellos jóvenes que se amaron de la manera más incondicional, la primera y la única antes de chocar contra el suelo. 
Para después resucitar. Siendo los mismos, pero heridos, más curtidos, y listos para ser lamidos por lenguas que nos han de volver a enamorar. 

miércoles, 14 de diciembre de 2016

Que le den a vuestro juego

  

Podría enredar mil palabras para decir lo que está claro: puedo vendarme el alma y participar en este juego enfermizo, pero el desplome en la barra del bar al son de un "me rindo, que le den a vuestras reglas" es mi verdadera victoria. Casi me dejo engañar y casi me creo lo de que hay que luchar porque merece la pena. Pero en esto, no voy a pelear. Ni voy a intentar forzar, ni voy a nadar a contracorriente cuando lo único lógico es dejarse llevar y ver a dónde uno llega.

martes, 13 de diciembre de 2016

Él me ama

 

Él me ama,

o no me ama.

Qué mas da,

esta noche voy a dejar colgada

aposta

una extremidad fuera de la cama.

Y que me muerdan todos los monstruos

y que me agarren todos los fantasmas

a los que les de la gana.

Porque él me ama.

O no me ama,

pero yo, sin duda alguna,

seguiré aquí mañana.

martes, 6 de diciembre de 2016


















A tus pies.
De rodillas.
Como si alguna vez,
siquiera,
hubieras imaginado
lo que eso significa.
Levántate
y vístete
una mañana más 
como si la cosa 
no fuera contigo.
Lo he visto,
en serio,
ocurrirá
de una manera
que ni te imaginas. 


Mi nuca camino del cielo

(S. Herranz)



Cuando el abismo está dentro, 
y no fuera,
me asomo a él 
sin reconocer el hilo
que es mi propia voz.
Y acecha a mi mente salvaje, 
corcel indomable,
tu brida,
porque ahora es tu mano la que me roza, 
porque ahora es la que me toca. 
Y yo quiero saltar, 
saltar y volar. 
Y nada más saltar, 
me quiero agarrar, 
y que tires de mí 
-¿hacia arriba, hacia atrás? -. 
Y pienso que nadie lo entiende, 
que de qué sirve divagar; 
pero no la puedo limitar, 
es mi más preciado tesoro, 
la libertad. 
Jamás acostumbraré a conformarme, 
a agachar las orejas 
cuando el miedo ladre, 
a mirar hacia abajo 
porque no hacerlo cueste trabajo. 
Y sin embargo, 
cómo anhelo 
mi nuca camino del cielo, 
mi espalda estirada 
fuera de la cama 
y tú en ella, 
sujetándome de los pies, 
siendo mi suelo. 
O al revés. 







                                

martes, 29 de noviembre de 2016

Tu eco en mis vacíos


Hay vacíos que no entendemos hasta que retumba el eco de otra voz dentro de ellos. Son aquellos que fueron creados a golpe de impactos, desde dentro, muy profundo. Huecos internos gigantes, fruto de unos corazones ensanchados a la fuerza, que se iban agrandando, desconocedores del miedo, sin preguntarse qué sería después. Lo que estaba creciendo lo hacía por primera vez, y la emoción de no tener límites, de desplazar continuamente el horizonte, la ausencia de vértigo, fue lo que nos hizo sentirnos imbatibles. Pero nos vencieron. Como a todos, también a nosotros. Y el mismo alfiler que no cabía dentro, explotó nuestra burbuja desde fuera. Todo ese espacio que creamos se convirtió súbitamente en vacío. Un muy ensordecedor vacío que continuamente pretendemos tapar porque no le encontramos sentido. No lo tiene ni lo cobra hasta que se convierte en eco. 
El eco de una nueva voz que retumba entre todas esas paredes, que tienen su historia. Tu voz. Ha venido a quedarse, a crecer, a llenar. Esta vez sin crear, sin modificar, sin dar lugar. 
Mucho más plena, como acude la sangre a la herida, como se filtra el agua entre la grieta, como construye el yeso entre la piedra: tu voz me ha venido a completar.

La constelación de nuestras cicatrices


Nos quitamos el abrigo en la cafetería 
el jersey en el sofá, 
la ropa interior en la cama. 
La noche oscura queda entonces eclipsada  
por la constelación de nuestras cicatrices,  
y de repente comprendemos por qué estaban ahí:  
para hacernos brillar.

Como si fuéramos inmortales


Vivimos como si fuéramos inmortales
pensando que los 'mañana' serán infinitos
dejando pasar nuestros anhelos,
aplazando nuestros deseos.
El despertador es la jeringuilla
con la que nos anestesia la rutina
y sólo en los albores de la noche
sentimos el pinchazo de una vida
que no nos atrevemos a vivir.
Estamos en el momento exacto
al que querremos volver
cuando nos lo pregunten en diez años.
A esta noche.
A este cuerpo y a esta mirada.
A esta inexperiencia.
A esta falta de desilusiones.
A estas ganas de perdernos,
de bebernos,
de mordernos,
de comernos.
Y, sin embargo,
nos contenemos.

domingo, 5 de junio de 2016

Si aquí estamos tumbados, tú y yo, cuerpo con cuerpo, dime, amor, qué quieres que te susurre al oído. ¿Que todo irá bien? Que esta noche oscura se acabará porque estamos juntos y eso es lo único que importa. Tu piel con mi piel. Tu corazón latiendo bajo la palma de mi mano.

Tengo miedo de hablarte de los fantasmas que duermen cada noche conmigo en la cama. De las imágenes irreales que mi mente crea continuamente. No sé ni qué nombres ponerles. Ni cómo describírtelas para que las entiendas. Me pesa el alma, el cuerpo, la vida. Me pesan los pensamientos que me persiguen cada minuto.

Dime, amor, cómo puedo transmitirte lo que hay a este lado de la piel. Cómo si no es con el contacto de dos almas, una pura y limpia y la otra corrompida. Tengo miedo de asustarte. Tengo miedo de que no te quieras quedar a esperar la llegada de la luz.

lunes, 16 de mayo de 2016

Movimiento cíclico

Llenar la bañera de tu recuerdo y sumergirme en él
se ha convertido en el movimiento más cíclico que conozco.
Acabarán cumpliéndose más años de tu ausencia
que de tu mano cogida de la mía y seguirá tu recuerdo tan perenne.
Es denso y se ha mezclado con mi sangre.
Fluye por mis venas y no hay día que no riegue mi corazón.

Te llevo dentro porque ahí te quedaste y recuerdo con exactitud el momento.
Intentamos deshacernos de aquello pero, ingenuos,
no sabíamos que del alma hay cosas que no se pueden extirpar.
A veces pienso que fue la propia naturaleza del amor la que dictaminó
que yo me quedara con un pedazo eterno de aquello y tú no.

Podría regodearme en la intensidad y la exclusividad de lo que siento,
quedármelo y cuidarlo, aceptarlo y hacerlo mío.
Pero qué sentido tiene si tú no estás.
Qué sentido tiene abrazar cada día el material del que están hechos los fantasmas
y cubrirme con lo étereo de tu nombre, que ya no es tu nombre,
que ya no forma parte de este mundo ni de esta tierra que pisan mis pies.

Respiro. Respiro y hay vientos contrarios en mí.
Unos que me dicen que te quedes, otros que me invitan a dejarte ir.
Hay tanto que nos ha enseñado la vida que da miedo deshacerse
de algo que el tiempo pueda volver a necesitar,
de una pieza que haya de encajar en el futuro y nos vaya a faltar.
Y sé que la solución está en guardarte sin que las cosas giren en torno a ti.
Lo sé. Y lo hago e intento alejarte, a veces incluso dejarte ir.
Pero estás mezclado con mi sangre y, como ya he dicho, formas parte de mí.


miércoles, 27 de enero de 2016

Esta noche

Esta noche te contaré que hacía mucho que no era tan tarde en mi habitación. Te contaré que no hay ninguna copa de vino al lado del ordenador, ni suena ninguna triste canción, pero la atmósfera está tan embriagada de ti como si los hubiera.

El tiempo ha pasado demasiado rápido, se amontona en el suelo como el rollo de papel después de que un gato haya usado sus garras para dar cien vueltas con él. A veces pienso que me piensas. Que no soy la única loca que se acuerda de lo que nos dijeron que hay que olvidar. Olvidar y superar.

Yo estaba medio loca intentando descifrarme desde que me conocía. Me terminé de volver loca intentando descifrarte cuando te fuiste. Finalmente, opté por no hacerme preguntas y anestesiar un corazón mareado, que no entendía nada. En todos estos años, ninguna respuesta le regalaste, tuvo que conformarse con el millón de preguntas que yo me hice, a modo de parches.

Sigo preguntándome si algún día te terminarás de ir. Si una mañana me despertaré y ya no estarás aquí, o ahí, en el fondo de ese subconsciente que tan al descubierto estaba en nuestros días de gloria y que hoy está tan cubierto de capas y barreras. Te quedaste atrapado tan dentro y me pregunto cuánto de permanente es la manera en la que lo hiciste.

Se me está haciendo tarde, ahora somos mayores, cada vez más grises y menos chillones. Lo vamos perdiendo todo y no nos dan nada a cambio. Y sé que tú también lo sientes, pero quizás ya seamos demasiado diferentes y no tengamos ni de qué hablar. Quizás delante de ese café que nunca nos tomamos no haya más que lágrimas, y no las promesas que yo albergaba de todas esas miradas y palabras que nos aguardaban.

Intentaré escribirte más a menudo, aunque sólo sea con el propósito de rescatarte de mi interior. Si me lees, vuelve cuando quieras. Al fin y al cabo, es, o fue, cosa de dos. 

jueves, 5 de noviembre de 2015

Nos volvimos a cruzar

Nos volvimos a cruzar cuando pensaba que ya te habías mudado de planeta. Habías crecido y me sacabas muchos más años que entonces. Tardé bastante en reconocerte porque lo que te tocó llenar esta vez era más grande y más profundo que aquella. La novedad del eco que, descubrí, acompaña siempre al vacío, me descolocó. Y en tu mirada volví a verme una niña con ojos grandes y curiosos, con toda la luz por delante.
 
Hace mucho tiempo, cuando apareciste, creía que era algo que manejabas a tu voluntad. Ahora me inclino más a pensar que no conoces el destello que emanas, ese radiante impulso que brota detrás del apacible brillo que, sin duda, todos ven. El roce de tus labios al provocar palabras o el parpadeo que intermita tu mirada, se me antoja como ese efecto que, dicen, produce el aleteo de una mariposa. Crea terremotos, torbellinos y huracanes en mí. A distancia, cuando me alejo de ti.
 
He aprendido a amarte de otra manera, mejor. Como el jugo de una fruta y  no como una flor. Me nutres, no te marchitas. Te vas y me dejas tu sabor. No tengo que verte hecho cenizas. Me calienta pensar que tú fuego existe en alguna parte, aunque no sea yo quien lo alimenta. A mi cuerpo incandescente le basta uno de tus destellos de vez en cuando. Y ahora sé que te iré encontrando aunque vayas cambiando de cuerpo, de nombre y de mirada.
 
Ya no me preocupa no escribir el remite en el sobre. Siempre fui muy de mandar cartas a donde no hay buzones.

viernes, 31 de julio de 2015

Prometo cordura

Prometo ser cabal
y prometo cordura,
prometo ser racional
durante las horas que el sol dura.
Pero en cuanto salga la luna
y me quede desnuda
no habrá mentira alguna en la piel
que te ofreceré,
para que la leas con la mano
y no con esos ojos, que en vano,
querrán intentar traspasarla.
Porque a la verdad
sólo cuesta encontrarla
si no la buscas a tientas,
despojado de toda vanidad
y palpando a ciegas.
Porque no es imagen sino latido
lo que nos mantiene unidos,
mientras te calientas el alma
creyendo que aún estamos vivos.

miércoles, 29 de julio de 2015

Detrás de una corbata

Detrás de una corbata
yo sólo veo ganas de arrancarla.
La gomina es como el pegamento del alma.
"Prefiero morir vicioso y feliz
a vivir limpio y aburrido",
cuántas veces lo habréis leído.
Pero seguimos igual,
viento en popa a ninguna parte,
a doscientos en dirección equivocada.
Vais hacia el jardín domado,
cuidado al detalle,
folláis como máquinas
y no como animales.
En la selva de la que venimos
ya no queda nadie.
Retumba el eco
de lo que un día fuimos.

lunes, 13 de julio de 2015

Marina


Se llamaba Marina. Quizás se llamaba Marina porque "Esponja de Mar" no era un nombre apropiado, a pesar de que la definiera a la perfección. Se empapaba de todo y absorbía como nadie las cosas que ocurrían a su alrededor. El mundo parecía no darse cuenta de su capacidad para acumular sensaciones. Con el paso de los años, la percepción le fue ganando terrero al habla, las ideas, a las palabras, y cada vez se reconocía menos en su voz.

Delirio

En su interés por separar la verdad de la mentira, descubrió una nueva dimensión, el delirio, ese agujero negro en el que uno cae cuando, toca, como Cenicienta, separar los granos de realidad de los de la imaginación. Del delirio, lugar que visitaba a menudo, y al que llegar, no le suponía ningún tipo de esfuerzo, se iba trayendo muchas ideas. Las recogía como el niño que recoge conchas de la playa, haciendo un saco de su camisa, sin distinción, cuántas más, mejor, antes de que tocara volver. Generalmente, la mayor parte, acababan desechas, sobreviviendo sólo las ideas que realmente la fascinaban, aquellas ideas subconscientes que conseguían adherirse a su percepción. El delirio le sirvió como océano de sabiduría, y de él aprendió.

domingo, 12 de julio de 2015

El faro y el mar

Durante meses lo único que vi claro
es que yo era el barco y tú el faro.
Durante cien noches y cien días
yo no avanzaba, huía.

Llegué a creerme polilla,
y a cualquier causa perdida, bombilla.
Pero justo cuando pensé que era el final,
me sentí como la oruga que se convierte en mariposa.

Aunque tú fueras el faro, con tu alma luminosa,
mediante tu luz, mi superficie te dedicabas a indagar.
Porque, yo, que me veía barco, en realidad era mar.

Fue una revelación vertiginosa:
ya no me importaba qué barcos pretendías encontrar.
Mis profundidades jamás serían objeto de tu curiosidad.